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UASLPDiplomado en Educación Ambiental Diplomado en Educación Ambiental y para la Sustentabilidad

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Enfoque

Agenda Ambiental
Academia Nacional de Educación Ambiental

PIFI
Este proyecto cuenta con apoyos del Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI-SEP-UASLP).

 
Diplomado

ENFOQUE

¿Por qué un diplomado en diseño de proyectos?

Este diplomado parte de la premisa de que el diseño de proyectos educativos no es un asunto meramente técnico, sino que requiere asumir la complejidad inherente a procesos de construcción social donde incide la educación, sobre todo cuando buscan orientarse hacia la transformación de paradigmas, de culturas, de estructuras, de discursos y de prácticas en los ámbitos ambiental, económico, político y social, en busca de la paz, la equidad, la calidad de vida, la justicia, la gobernanza y la protección del medio ambiente. Por esta razón, este diplomado plantea la necesidad de comprender los procesos de contextualización, estructuración, programación y evaluación, como procesos de diseño no lineales que funcionan iterativamente entre sí e interactuando dialécticamente con la realización de los proyectos. Específicamente, lo anterior exige reconocer la riqueza conceptual, metodológica y técnica de este campo de la educación ambiental, así como los principales debates del campo.

¿Por qué se llama EAS?

Las décadas finales del siglo XX y el  inicio de este milenio, han estado marcados por profundos cambios que reclaman a la educación respuestas dinámicas, nuevos enfoques y un papel anticipatorio que contribuya a orientar estos cambios. Entre las diversas propuestas que se promueven desde agencias y organismos como la UNESCO, así como en planes, programas y estrategias de diversos ámbitos (internacional, nacional y local) se encuentra la de atender las preocupaciones sobre el deterioro ambiental y su estrecha relación con los factores sociales, económicos y políticos que forman parte de las causas profundas de esta problemática y al mismo tiempo de sus posibles soluciones. La contaminación puntual y dispersa, el deterioro de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad y de la capacidad productiva de los ecosistemas, el cambio climático, la alteración de los ciclos naturales, también son considerados por importantes pensadores y científicos como parte de una crisis global que atraviesa todas las esferas de lo que consideramos nuestra civilización. Con el fin de integrar dichas preocupaciones se han planteado diferentes conceptos como educación ecológica, educación ambiental, educación en una perspectiva planetaria, educación global, educación para el desarrollo sustentable, entre otras.

A lo largo de 30 años, desde la década de los años 70, la educación ambiental (EA) se ha extendido vigorosamente en muchos países. Como hemos podido ver en una gran cantidad de publicaciones y otros productos, desde la Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental realizada en Tbilisi en 1976, hasta la 4ta. Conferencia Internacional sobre Educación Ambiental (Ahmedabad, India, 2007), la educación ambiental ha adquirido un papel creciente, tanto en el sistema escolar formal como en otros espacios de igual importancia para la educación, como son la sensibilización, promoción, comunicación y capacitación que realizan las organizaciones de la sociedad civil, las empresas, las entidades gubernamentales, los medios masivos de comunicación, etc. Este crecimiento, aunque insuficiente, ha generado una gran diversidad de modalidades y enfoques (Nieto Caraveo, 2001). Además, la educación ambiental ha constituido un campo de conocimiento con su propia especificidad, así como sus propias reflexiones críticas. Todo esto le confiere una gran riqueza conceptual, metodológica y técnica, al tiempo que permite identificar grandes desafíos. Las diversas tendencias y enfoques van desde las que conciben la educación ambiental como acciones orientadas a difundir información sobre problemas ambientales y sus soluciones técnicas, así como a generar sensibilización para el cambio de conducta de los individuos, hasta las que la conciben como una práctica social crítica (Caride y Meira, 2000) orientada a la acción colectiva y a la transformación de estructuras y paradigmas.

En 2005 la UNESCO puso en marcha el Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible (DEDS) 2005-2014. Uno de los argumentos planteados para fundamentar el concepto de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), es el de que permitirá ampliar los alcances de la EA que, desde su perspectiva, ha tenido importantes logros pero no ha articulado suficientemente otros asuntos sociales, económicos y políticos que son fundamentales para el desarrollo.

Cabe señalar que en el mismo año, las Secretarías de Educación Pública (SEP) y de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) suscribieron el DEDS por parte de México, formulando un Compromiso Nacional (Semarnat, 2005).

La idea de declarar un decenio (DEDS) suscitó el interés de los educadores ambientales, pero también generó un gran debate. Específicamente en México y en varios países latinoamericanos, surgieron cuestionamientos a esta propuesta de “sustitución” del concepto de EA (Educación Ambiental) por el de la EDS (Educación para el Desarrollo Sostenible). Uno de estos debates se refiere a que en nuestros países, desde su origen, varias modalidades importantes de educación ambiental plantearon la articulación entre medio ambiente, sociedad, economía y política, ya que nacieron profundamente vinculadas a esfuerzos de educación popular y educación comunitaria (González, 2004).

Desde la perspectiva de organismos como la Asociación Nacional de Educación Ambiental (ANEA) y el Consorcio Mexicano de Programas Ambientales Universitarios para el Desarrollo Sustentable (Complexus), el cambio de nociones no es un asunto trivial, ni meramente “conceptual”, porque debilita y pone en riesgo los logros obtenidos en la legitimación social de la noción de la EA, en la construcción de un campo de conocimiento, de organizaciones y estructuras, así como en las normas, políticas públicas e instrumentos de gestión que se han generado. Adicionalmente, existe una percepción generalizada en nuestros países, de que los procesos de construcción de las propuestas de la EDS no atendieron suficientemente estas inquietudes sobre el gran riesgo de pérdida de un capital institucional, político, social, académico y de identidad, construido con mucho esfuerzo y a contracorriente durante décadas.

A esto se agregan los cuestionamientos que han surgido en las últimas décadas, en varias partes del mundo, sobre el concepto mismo de desarrollo, no sólo por la forma como se define en los ámbitos académicos, sino también por la forma como a través de él se propagan, establecen hegemónicamente y se operacionalizan diversos modelos económicos, políticos y sociales. Esto se relaciona con la maleabilidad del concepto de desarrollo sustentable, que ha generado importantes consensos pero también muy diversas (y hasta contradictorias) interpretaciones, incluyendo usos claramente triviales y superficiales. Desde estos puntos de vista se ha propuesto también la noción de educación para la sustentabilidad (ES), de tal forma que dé cabida a proyectos e ideologías críticas y alternativas.

Como si esto fuera poco, desde el campo de la educación y de las ciencias sociales, además tenemos los cuestionamientos al hecho mismo de que, ante los diversos cambios sociales del siglo XX y la insuficiente respuesta de la educación en general, hayan surgido muy diversas “educaciones”, fragmentadas, al servicio de uno u otro asunto en particular: sexual, vial, ambiental, para la paz, para el desarrollo sustentable, etc. Desde esta perspectiva la educación no es un instrumento al servicio de algo, sino que es un proceso fundamental por sí mismo para la construcción social, que vive en permanente tensión entre su papel reproductor y su papel transformador.

La Estrategia Latinoamericana de Educación para el Desarrollo Sostenible, alude a estos debates y asume la definición del Plan de Acción del DEDS de la UNESCO:

“Para comprender con claridad los alcances de la Década, es preciso examinar el concepto de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), aunque aún no existe un consenso absoluto sobre su definición. Esta ausencia de consenso no es un mero asunto discursivo, sino un reflejo de los retos mismos que enfrentamos. Durante la Década, la educación puede contribuir a comprender y perfilar vías de solución para estas diferencias sustantivas y conceptuales. Sin embargo, dentro del marco de la DEDS, ésta se ha definido como la educación que «prepara a todas las personas, independientemente de su profesión y condición social, para planificar, enfrentar y resolver las amenazas que pesan sobre la sostenibilidad de nuestro planeta». «La EDS se basa en los ideales y principios de la sostenibilidad, como la equidad intergeneracional, la igualdad entre sexos, la tolerancia, la reducción de la pobreza, y la rehabilitación del medio ambiente, la conservación de los recursos naturales y las sociedades justas y pacíficas”. «Además, debe incluirse la pluralidad cultural y religiosa y la necesidad de cambios en los patrones de producción y de consumo»”. (UNESCO, 2007, p.10; citando a UNESCO, 2006, p. 7 y 32).

Durante 2005 y 2006, el debate entre EDS y EA fue abordado en forma participativa a través de talleres, seminarios, reuniones y foros, en diversas partes del país, como parte del proceso de formulación de una estrategia nacional, así como en varias experiencias de formulación de los planes y estrategias estatales:

“En Latinoamérica y México han habido posiciones divergentes en relación con el cambio de nombre propuesto, pues dejar de lado el término educación ambiental significaría perder el activo político y una identidad que ha sido difícil de construir, y adoptar el de educación para el desarrollo sustentable significa heredar lo polémico, ambiguo y escurridizo que resulta el término desarrollo sustentable.
No obstante, existe también el consenso de que el citado Decenio marca una oportunidad histórica para avanzar en la búsqueda de una sustentabilidad incluyente, horizontal y democrática, en la que la educación adopte un carácter central.” (ENEASM, 2006; p. 36).

El mismo nombre de la Estrategia Nacional de Educación Ambiental para la Sustentabilidad en México (ENEASM) muestra el resultado de esta discusión, que se plantea de la siguiente forma:

“El término seleccionado para emplearse en la presente Estrategia es el de educación ambiental para la sustentabilidad, aunque con la clara consigna de que no pretende convertirse en un intento de imposición para que sea el adoptado en México; el debate debe seguir en pie y sería un error tratar de cerrarlo ahora cuando distintas posiciones están dibujándose de manera más definida. Las razones de esta opción fueron: i) que este nombre motivó una mayor simpatía entre la comunidad de educadores ambientales del país durante el proceso de construcción del presente documento; ii) que retoma la trayectoria y el capital construido en este campo al mantener el término educación ambiental; y iii) explicita que su marco de orientación estratégica es la sustentabilidad más que el desarrollo sostenible.
Pero independientemente del nombre, existe en la comunidad de educadores ambientales del país la intención de realizar una educación que promueva la formación de individuos y grupos sociales con conocimientos, habilidades, sentimientos, valores y conductas favorables para la construcción de un nuevo paradigma social caracterizado por pautas de convivencia social y con la naturaleza que conduzcan a la sustentabilidad política, económica y ecológica.” (ENEASM, 2006; 36).

Es en este sentido que se utiliza la noción de EAS en este diplomado, para indicar que la temática ambiental y de la educación se abordarán desde una perspectiva abierta, crítica y orientada hacia la transformación social, por lo que incluye las siguientes dimensiones (ENEASM, 2006; p. 37):

  1. Dimensión política.
  2. Dimensión ecológica.
  3. Dimensión científica y tecnológica.
  4. Dimensión pedagógica,
  5. Dimensión ética.
  6. Dimensión económica.
  7. Dimensión cultural.

 

Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Coordinación de Agenda Ambiental
Academia Nacional de Educación Ambiental
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